Letras de cine

Un bicho inmortal cumple ya sus primeros cien años

De los múltiples aniversarios que festeja el ciudadano de la tierra, quizá éste sea el más lúcido y significativo porque se trata del espejo de su propia condición humana. Kafka transformó en La metamorfosis al ser humano en un bicho repelente pero consciente de su estado y sus sentimientos.

Franz Kafka, La metamorfosis.

Franz Kafka, La metamorfosis.

Ese ser vulnerable, frágil, contradictorio, empecinado en cuatro obsesiones esenciales (la lealtad, la muerte, el fracaso, la trascendencia), que llevó una vida monótona de burócrata y fiel amigo de sus amigos, que no supo dar ninguna respuesta convincente a los interrogantes de la existencia que lo habitaron, fue el ser, el enorme narrador, que creó a ese bicho inmortal (“tras despertar de un sueño intranquilo” el viajante de comercio Gregorio Samsa descubrió que se había transformado en el “monstruoso bicho” Gregorio Samsa) y lo transformó en una obra maestra de la literatura de todos los tiempos.

En sólo 21 días Kafka grabó en las páginas del arte una marca inefable y eterna, la misma marca -permítanme la libertad- que la manzana arrojada por el padre se incrusta en la piel de Gregorio -como una nueva versión de la historia de Abraham e Isaac, pero esta vez el hijo es verdaderamente sacrificado-, una marca que atestigua el sometimiento del ser humano a los designios de la desposesión y al régimen atroz de un mundo laberíntico e injusto. Y lo que es más estremecedor: Gregorio agoniza mientras escucha a su hermana tocar el violín y ese sonido bello y melancólico lo moviliza como solo la música puede conmover. metamorfosis

Poco más tarde morirá oyendo por última vez el reloj de la torre, que da las tres de la mañana e inaugurando así la nostalgia de un mundo familiar donde el padre – el poseedor de la manzana, es decir, de la sabiduría- dicta la Ley. Esa Ley que Gregorio nunca comprendió y que en Kafka, a lo largo de toda su obra, es una e insondable, inhumana y siniestra. Kafka siempre me ha hecho pensar en aquellos versos emocionantes de Emilio Ruiz Barrachina: “¡Tantas veces hemos muerto! / De tanto morir / y morir y morir / surge la vida. /Sólo quien ha muerto mil veces /un millón / puede afirmar que sabe algo”. Cada vez que Gregorio Samsa muere, algo nuestro muere con él y más allá, en ese “más allá” del que hablaban los pentagramas de Mahler, algo resucita.

Texto escrito por Arnoldo Liberman, autor de ‘A tientas, hermano Kafka (Sefarad Editores, Madrid 2015).

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