Opinión

La escasa presencia del cine español en Cannes

Fernando Lara.

Fernando Lara.

Nada nuevo bajo el sol. A no ser que Almodóvar tenga película disponible, el cine español no suele estar en la Selección Oficial de Cannes, que incluye la Sección competitiva, la paralela Un Certain Regard y Proyecciones Especiales. Así sucede también este año. Lejos están ya los días, en 2009, en que nuestro cine contó excepcionalmente con hasta tres títulos en la Oficial: Los abrazos rotos, Mapa de los sonidos de Tokio y Ágora. Desde entonces, de nuevo Almodóvar con La piel que habito y algunas coproducciones minoritarias o puramente financieras. Para los seleccionadores del primer Festival del mundo, el cine español se limita al cineasta manchego, única referencia internacional que verdaderamente poseemos, igual que en tiempos anteriores fueron Víctor Erice, Carlos Saura o Juan Antonio Bardem.

Muchas veces se resuelve el tema con la simplona fórmula de que, como buenos franceses, “en Cannes no nos quieren”… No está ahí el problema, como lo demuestra que se ha ido extendiendo a la Berlinale y a la Mostra de Venezia, quedando San Sebastián –entre los certámenes de categoría A– como único puerto de seguro refugio para el cine español. La cuestión es que no somos “imprescindibles” desde el punto de vista industrial, ni nuestros mejores autores alcanzan el reconocimiento necesario en el extranjero, ni tampoco tenemos el sello de “exotismo” que tantas veces supone un reclamo en los Festivales. Para sus criterios, resultamos demasiado “comerciales”, excesivamente tradicionales desde el punto de vista dramático y estilístico, sin una corriente de renovación que pueda suponer hallazgos reveladores.

Más allá de la Selección Oficial, que es el auténtico “escaparate” de Cannes, las cosas han ido mejor, no en la Semana de la Crítica pero sí en la Quincena de Realizadores, al programar Un día perfecto, de Fernando León de Aranoa (con Benicio del Toro y Tim Robbins) y el cortometraje Pueblo, de Elena López Riera, ya presentado en el Festival de Sevilla. Y eso que, tras el lamentable cierre de la productora de Luis Miñarro, habitual “suministrador” de estas secciones paralelas e incluso de la Competición, nos hemos quedado con menores oportunidades en ellas.

Echemos también una ojeada a la presencia española en “otros mundos” de La Croisette: una práctica de la ESCAC, Víctor XX, de Ian Garrido, participa en Cinéfondation, lo que creo importante al ser la primera vez en que un corto de una Escuela española accede a esta sección, dedicada a los centros de formación de todo el mundo. Y el Atelier del Festival ha acogido en su muy selectivo seno el proyecto La madre, de Alberto Morais. Lo mismo que sucede con la joven productora Montse Triola, de Andergraun Films, dentro de la iniciativa “Producers on the Move”, de la European Film Promotion. E incluso tenemos a Rossy de Palma como integrante del Jurado de la Sección Oficial… Además de que quienes se interesen a fondo por el cine español, pueden acudir a numerosas proyecciones en el Mercado del Film.

Una reflexión final: al margen de que se haya cometido alguna injusticia en la selección “cannesina” de 2015, ¿cómo pretendemos alcanzar el cielo de los Festivales si apenas podemos movernos en la dura tierra que pisamos, sometida a una erosión más y más profunda cada día?

Fernando Lara

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