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El rey de los belgas

Jessica Woodworth y Peter Brosens presentaron su cuarto largometraje juntos, El rey de los belgas, en la sección Orizzonti del 73 festival de Venecia. Ambos directores provienen del cine documental y son más conocidos por los tres largometrajes que escribieron, dirigieron y coprodujeron juntos: Khadak (ganador del León del Futuro en la Mostra de Venecia de 2006), Altiplano(presentado en la Semana de la Crítica del festival de Cannes de 2009) y La quinta estación (competidora oficial en la Mostra de Venecia de 2012).

"El rey de los belgas".

“El rey de los belgas”.

El rey de los belgas presenta a Nicolás III (Peter Van Den Begin), el lunar y solitario Roi des Belges. En plena visita de estado a Estambul, le informan de la declaración de independencia de Valonia. En compañía de su jefe de protocolo (Ludovic Moreau), su responsable de prensa (Lucie Debay), su fiel valido (Carlos de Vos) y un director británico llamado Duncan Lloyd (Peter van der Houwen) y encargado por el Palacio Real de realizar un documental para pulir la imagen, un tanto tierna, del monarca, el soberano tratará de regresar a su país; pero una tormenta solar golpea la tierra y provoca el cierre del espacio aéreo y la parálisis de todos los medios de comunicación. En cuanto a los servicios secretos turcos, ellos rechazan con frialdad la sugerencia del rey de volver en coche. Lloyd, que presiente una gran oportunidad en el asunto, inventa un plan de evacuación de lo más estrafalario en el que implica disfraces y a unas cantantes búlgaras. Así arranca la odisea secreta del rey y de su séquito de sabios a través de los Balcanes.

Casi desde el primer plano se da el tono de la película: la primera escena de El rey de los belgas retoma el código delmockumentary para retratar a un rey cojo (el encuadre se sale un poco del eje), marioneta de una corte dirigida por su autoritaria esposa, la reina, preocupada por el respeto de la etiqueta y, sobre todo, por ofrecer una imagen de la monarquía impecable. Le ponen el micro, le ponen los mechones en orden, le ajustan su corbata, lo inundan con recomendaciones. El rey parece desprovisto de toda autonomía, gestual o intelectual. Nicolás III, que hasta ahí lo vemos tímidamente preocupado por un patrimonio real polvoriento y molesto, se siente investido de una misión no divina pero sí intensamente patriótica: acompañar a su país y a sus ciudadanos hacia la resolución de un conflicto que bien podría ser el último (…)

Texto escrito por Aurore Engelen – Cineuropa.org.

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