Opinión

DE LOS GRANDES ESTUDIOS AL DOMINIO DE LAS TELEVISIONES

DE LOS GRANDES ESTUDIOS AL DOMINIO DE LAS TELEVISIONES

Emilio Ruiz Barrachina, escritor y realizador

El capital siempre busca refugio en los mismos lugares donde un pasado tuvo éxito. No es amigo de nadie, menos del arte si no produce rendimientos económicos. Así, el cine ha vuelto al sistema de los años 40 y 50 del siglo pasado, a aquel sistema de estudios que lo controlaban todo y que sólo producían películas que buscaban el triunfo en la taquilla.

En los años 60 tuvo que llegar la nouvelle vague para demostrar que el cine era algo más, que podía ejercerse una libertad creativa y se podían correr riesgos. Afortunadamente el público francés, inicialmente, y el resto después, acompañaron a esta aventura que trascendía las pantallas. Los grandes estudios americanos siguieron apostando por lo comercial, pero se vieron obligados a abrir las puertas a otro tipo de cine. Entonces llegaron las mejores épocas, al menos el tiempo en que convivieron diferentes tipos de cine.

Es cierto que recordamos, si cabe con cierta nostalgia, aquellas películas que denominamos cine en blanco y negro. Pero también es cierto que durante aquella época no se produjo un cine significativamente notorio que llegase al gran público y que tuviera un componente cultural o explícitamente crítico (salvo excepciones).

Y ahora volvemos aquel modelo, no sólo porque el capital, como decía al comienzo, es cobarde, sino porque atravesamos tiempos en que la cultura, como afirmó un señor ministro no hace mucho tiempo, es algo innecesario y además costoso, concluyendo que el cine era sólo entretenimiento. Lo dicho, volvemos a ese momento en que los estudios (ahora las televisiones privadas), controlan todo.

Por esta razón, al menos en España, las subvenciones vuelven a darse por comité, como hacía décadas que no se hacía, y por esta razón el cine ha quedado en manos de las televisiones privadas. Ya se encargó el gobierno pasado de desmantelar la industria tal como se venía desarrollando desde los años 80 y de procurar un cambio de manos.

Hoy en día todo lo que no sea comedia de carcajada, como aquí nos gusta, mejor ni presentarlo. Los distribuidores, en quienes ha recaído ahora el mayor filtro del negocio, no corren riesgos. Lo fácil es vender a televisiones en abierto y productos que no comprometan. El negocio es el negocio, esto es comprensible, así se despoje al cine de la categoría de “arte”. La selección es entre lo comercial o no comercial, en vez de entre lo bueno o lo malo.

Antes lo difícil era producir. Ahora lo difícil es distribuir. Y pareciera que las plataformas han venido a salvar este escollo, pero invito a que alguien con una película realizada por fuera de las televisiones o de contenido cultural trate de llegar directamente a Netflix o a Amazon sin pasar por un distribuidor o un agente de ventas. Igualmente que trate de entrar en uno de los grandes festivales sin ir de la mano de un distribuidor potente. Aunque bueno, un amiguete, como diría Santiago Segura, también sirve.

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