Opinión

Carta del director: Gran Hermano en serie

Ramiro Cristóbal, director de Revista CineArte.

Ramiro Cristóbal, director de Revista CineArte.

Las series para televisión son a las películas lo que los best-sellers a las novelas. Ambos, series y best-sellers, son obras repletas de crímenes, sentimientos a flor de piel, erotismo nebuloso, asequible para un público al que no le gusta las sorpresas, cultura de manual, unas gotas de romanticismo apenas disimulado con un lenguaje levemente soez, desarrollo sinuosos y postergado, un poco de violencia y algo de glamour.

Los dos producen adición y, por eso, tienen una audiencia lectora y visual generalmente mucho mayor que la Literatura llamada seria y las películas de cualquier género. Por desgracia, las series son mucho menos inocentes que los best-sellers. Al menos, las series estadounidenses, que son las que vemos la mayor parte de los habitantes del mundo, tienen una desagradable tendencia a tener el terrorismo como la explicación habitual de los males del mundo.

Sería fácil decir que algunas de las series más famosas son financiadas directamente por la CIA u otra agencia del gobierno que se ocupe de tales cosas. No es que esto sea imposible: hay pruebas de que, en el pasado, la CIA financió películas (véase La CIA y la guerra fría cultural de Frances Saunders Stonor, ed. Debate 2001) y en la película Argo, cuyo guión está basado en las confidencias de un ex agente de la CIA, aparece una de esas productoras de Hollywood al servicio de la Agencia.

En casi todos los capítulos de la mayoría de las series, el terrorismo (generalmente islámico) es la primera explicación de los crímenes y atentados, pero, en algunas, se ha llegado a sospechar de “ecologistas radicales extremos” y hasta de los indios. Los rusos (miedo subconsciente de no hace mucho) sueles formar parte del mal, ahora en forma de traficantes o mafiosos. Otros extranjeros, franceses, europeos y , desde luego, sudamericanos con aire de cubanos, suelen completar el elenco de peligro potencia al que hay que erradicar.

No importa el que, al final, esas primeras sospechas no se confirmen y los crímenes sean mucho más simples. El dato indica hasta que punto el público comprende la primera explicación de los héroes de la pantalla pequeña. (…)

Texto escrito por Ramiro Cristóbal.

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