Opinión

Carta del director. El discreto encanto de los secundarios

Ramiro Cristóbal, director de la Revista CineArte.

Ramiro Cristóbal, director de la Revista CineArte.

Secundarios, de reparto o actores figurantes. Ellos cumplen, modestamente, con la importante tarea de cubrir el trasero de las estrellas, en caso de que estos seres superlativos posean tan vulgar y humano apéndice. Por un azar del destino, los secundarios son demasiado algo: demasiado viejos, demasiado jóvenes, demasiados gordos, demasiado feos o un poco demasiado escasos de estatura.

Sin embargo, qué clase de mundo, falso e insultante, sería el de los protagonistas, ellos y ellas, siempre más hermosos, musculosos, bien dotados, inteligentes y perfectos. Los secundarios, gracias a los dioses, nos devuelven la imagen de lo que somos: bajitos, canosos, holgazanes y divertidos o imberbes, inseguros y un poco locos. Según los casos. Tomemos, por ejemplo, a Loles León, que actuaba en la Sala Maravillas de Madrid haciendo un espectáculo exento de modestia: “Loles León es maravillosa”. Un día, como en los cuentos de meigas, pasó el prícipe Almodóvar, le dio un beso y le ordenó que despertara. Y ahí tenemos a Dolores León Rodríguez, barcelonesa charnega, metida a peliculera No decepcionó a su mago particular.

Como el resto de los chicos y chicas Almodóvar no se sabe si actúa o se recrea en una cierta coña particular. En Mujeres al borde de un ataque de nervios reviviría una situación real: su época de secretaria y telefonista. Solo le queda por repetir en el cine su tercer oficio antes de dedicarse al teatro, el de churrera. Sorprendente, divertida, provocadora, descarada, mujer de la calle y de carne y hueso. Su presencia garantiza la honestidad alegre de lo viejo y de lo nuevo. La movida madrileña y la zarzuela castiza. O a Tim Roth, el cual estaba , según dijo, harto de Margaret Thatcher y de la humedad. Así que decidió abrirse, largarse de su Londres natal y emigrar a los Estados Unidos.

Allí le tomaron la medida enseguida y le metieron en el cine para hacer de duro y taimado. En realidad estos papeles no le cuestan mucho, porque Tim ha tenido, desde siempre, el vértigo por la violencia. Algunas veces dice que si no fuera actor sería un hincha de algún club inglés. Un fervoroso hoollyganrompiendo escaparates y mesas de café en algún soleado lugar del sur, en Nápoles o Mallorca (…)

Texto escrito por Ramiro Cristóbal.

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