Opinión

Carta del directo. Dejaron huella.

Los seres queridos que dijeron adiós, dejaron huella. Ni la vida propia ni la del mundo hubiera sido igual sin ellos. Del más amigo, Elías Querejeta, ya se habla en otros lugares de este número.

De los demás, recuerdo a Tony Leblanc, al que Santiago Segura sacó del ostracismo y la tristeza y al que entrevisté cuando sacó el libro de memorias. Como todo el mundo sabe, había sufrido un accidente de tráfico que le había dejado semiparalítico. Lo que se me quedó grabado de aquella conversación era la amargura profunda que le había invadido tras el desgraciado suceso.

Hijo de un conserje de un lugar público de Madrid, tenía los castizos apellidos de Fernández Sánchez y había sido la encarnación del madrileñismo obrero, tópico y simpático, de taxistas y mecánicos.

Sin embargo cada vez que le pregunté por ello, volvía a su situación de hombre postrado y a la mala praxis de la persona que le había causado aquello. (…)

Texto escrito por Ramiro Cristóbal.

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