Opinión

CARTA DEL DIRECTOR

Núremberg contra Núremberg


El día 1 de enero de 1946 Adolf Hitler escucha, indignado, un programa especial de radio que retransmite los juicios de Núremberg contra altos cargos del partido Nazi. Ese día, el gran conductor de Alemania, jura que refutará, una a una, todas las mentiras judías y marxistas que se están vertiendo en su amada ciudad de Nürberg.
Un flash back muestra como el 30 de abril de 1945, el futuro del Partido aconsejó que el máximo caudillo fuera sustituido por un soldado cualquiera, que haría gustoso el sacrificio, en el suicidio y posterior incineración en el jardín junto a Eva Braun. El bombardeo ruso del bunker, esparciendo los restos, haría el resto.
De ésta manera se salvó el alma y el corazón de un sueño, en una isla caribeña en la que reside el caballero Erich Stiner, pintor y rentista, de nacionalidad suiza.
Así comienza la película Núremberg contra Núremberg, secuela adversa de la célebre Vencedores o vencidosdel director judío Stanley Kramer.
Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado. Como saben los expertos, la Fundación Adolf Hitler, con sede en algún discreto paraíso fiscal, tuvo problemas para constituirse. Salvaron su existencia los miles de millones de dólares conseguidas por los economistas de la fundación, muchos de ellos simpatizantes con el hombre, nunca olvidado, que da nombre a la entidad.
Donaciones y regalos, expropiaciones y venta de bienes judíos y comunistas, formaron la primitiva fortuna que luego, ya en democracia liberal, supieron multiplicar, por muchas cifras, las inteligentes especulaciones de sus brillantes inversores.
Los Duques de Mussolini prestarán su archivo documental de la época para avalar los alegatos. Tampoco fue fácil para esta familia nobiliaria ostentar el Ducado. Fueron necesarias unas firmas reales tardías (las malas lenguas las consideran dudosas en su autenticidad) y también el permiso de un ministro el día que iba a dejar el cargo, para que compartieran con el resto de la nobleza mundial la condición de descendentes de, como dicen ciertos historiadores, “alguien que supo servir a su patria”.
Prevista para el 2020, Núremberg contra Núremberg, cuenta probablemente con una parte de la ciudadanía que siempre afirmó que los juicios aliados contra los ministros, jueces y médicos Nacional Socialistas, pecaron de parciales y, en cierto modo, engañosos. Ahora se trata de ofrecer otra versión totalmente distinta y, sobre todo, de cumplir con un legado político y humano que muchos se encargaron de enturbiar y tergiversar.
Gracias al cine se abre un mundo desconocido.
“Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado.

El día 1 de enero de 1946 Adolf Hitler escucha, indignado, un programa especial de radio que retransmite los juicios de Núremberg contra altos cargos del partido Nazi. Ese día, el gran conductor de Alemania, jura que refutará, una a una, todas las mentiras judías y marxistas que se están vertiendo en su amada ciudad de Nürberg.

                Un flash back muestra como el 30 de abril de 1945, el futuro del Partido aconsejó que el máximo caudillo fuera sustituido por un soldado cualquiera, que haría gustoso el sacrificio, en el suicidio y posterior incineración en el jardín junto a Eva Braun. El bombardeo ruso del bunker, esparciendo los restos, haría el resto.

                De ésta manera se salvó el alma y el corazón de un sueño, en una isla caribeña en la que reside el caballero Erich Stiner, pintor y rentista, de nacionalidad suiza.

                Así comienza la película Núremberg contra Núremberg, secuela adversa de la célebre Vencedores o vencidosdel director judío Stanley Kramer.

                Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado.  Como saben los expertos, la Fundación Adolf Hitler, con sede en algún discreto paraíso fiscal, tuvo problemas para constituirse. Salvaron su existencia los miles de millones de dólares conseguidas por los economistas de la fundación, muchos de ellos simpatizantes con el hombre, nunca olvidado, que da nombre a la entidad.

                Donaciones y regalos, expropiaciones y venta de bienes judíos y comunistas, formaron la primitiva fortuna que luego, ya en democracia liberal, supieron multiplicar, por muchas cifras, las inteligentes especulaciones de sus brillantes inversores.

                Los Duques de Mussolini prestarán su archivo documental de la época para avalar los alegatos. Tampoco fue fácil para esta familia nobiliaria ostentar el Ducado. Fueron necesarias unas firmas reales tardías (las malas lenguas las consideran dudosas en su autenticidad) y también el permiso de un ministro el día que iba a dejar el cargo, para que compartieran con el resto de la nobleza mundial la condición de descendentes de, como dicen ciertos historiadores, “alguien que supo servir a su patria”.

Prevista para el 2020, Núremberg contra Núremberg, cuenta probablemente con una parte de la ciudadanía que siempre afirmó que los juicios aliados contra los ministros, jueces y médicos Nacional Socialistas, pecaron de parciales y, en cierto modo, engañosos. Ahora se trata de ofrecer otra versión totalmente distinta y, sobre todo, de cumplir con un legado político y humano que muchos se encargaron de enturbiar y tergiversar.

                Gracias al cine se abre un mundo desconocido.

 “Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado.

El día 1 de enero de 1946 Adolf Hitler escucha, indignado, un programa especial de radio que retransmite los juicios de Núremberg contra altos cargos del partido Nazi. Ese día, el gran conductor de Alemania, jura que refutará, una a una, todas las mentiras judías y marxistas que se están vertiendo en su amada ciudad de Nürberg.

                Un flash back muestra como el 30 de abril de 1945, el futuro del Partido aconsejó que el máximo caudillo fuera sustituido por un soldado cualquiera, que haría gustoso el sacrificio, en el suicidio y posterior incineración en el jardín junto a Eva Braun. El bombardeo ruso del bunker, esparciendo los restos, haría el resto.

                De ésta manera se salvó el alma y el corazón de un sueño, en una isla caribeña en la que reside el caballero Erich Stiner, pintor y rentista, de nacionalidad suiza.

                Así comienza la película Núremberg contra Núremberg, secuela adversa de la célebre Vencedores o vencidosdel director judío Stanley Kramer.

                Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado.  Como saben los expertos, la Fundación Adolf Hitler, con sede en algún discreto paraíso fiscal, tuvo problemas para constituirse. Salvaron su existencia los miles de millones de dólares conseguidas por los economistas de la fundación, muchos de ellos simpatizantes con el hombre, nunca olvidado, que da nombre a la entidad.

                Donaciones y regalos, expropiaciones y venta de bienes judíos y comunistas, formaron la primitiva fortuna que luego, ya en democracia liberal, supieron multiplicar, por muchas cifras, las inteligentes especulaciones de sus brillantes inversores.

                Los Duques de Mussolini prestarán su archivo documental de la época para avalar los alegatos. Tampoco fue fácil para esta familia nobiliaria ostentar el Ducado. Fueron necesarias unas firmas reales tardías (las malas lenguas las consideran dudosas en su autenticidad) y también el permiso de un ministro el día que iba a dejar el cargo, para que compartieran con el resto de la nobleza mundial la condición de descendentes de, como dicen ciertos historiadores, “alguien que supo servir a su patria”.

Prevista para el 2020, Núremberg contra Núremberg, cuenta probablemente con una parte de la ciudadanía que siempre afirmó que los juicios aliados contra los ministros, jueces y médicos Nacional Socialistas, pecaron de parciales y, en cierto modo, engañosos. Ahora se trata de ofrecer otra versión totalmente distinta y, sobre todo, de cumplir con un legado político y humano que muchos se encargaron de enturbiar y tergiversar.

                Gracias al cine se abre un mundo desconocido.

 “Producida casi en su totalidad por la Fundación Adolf Hitler, dirigida por el realizador Osvaldo Walting, cuenta con presupuesto ilimitado.

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