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Bomarzo o el enigma de la piedra

Vuelve Bomarzo, la gran obra del escritor Manuel Mujica Láinez, llevada a la ópera por el maestro Alberto Ginastera y al cine por Jerry Brignone, los tres de Buenos Aires. Tras un largo período de silencio, el Teatro Real de Madrid programa la ópera y ello, sin duda, llevará consigo un renovado interés por libro y película

“Es necesario que los hombres razonables perdonen a los que oyen los demonios de la piedra”.(paráfrasis de Gaston Bachelard)

“Un día vendrá aquí un soñador y recordará todo esto”. (Manuel Mujica Lainez)

Cuando hace ya muchos años dirigía en Buenos Aires (junto a Abelardo Castillo) la revista literaria El Grillode Papel, conocimos a Manuel Mujica Láinez, el autor de Bomarzo, cuya versión operística, compuesta por Alberto Ginastera (Buenos Aires 1916- Ginebra 1983) está proyectada para la próxima temporada del Teatro Real de Madrid, después de cuarenta años que no se representa en Europa. Quiero hoy recordarles -o hacerles saber- que la ópera de Manucho (así lo llamaban sus amigos, cariñosamente: un hombre generoso, irónico y “señorito”, dicho en el argot andaluz, a veces agresivo y siempre tierno) fue prohibida en Argentina por la dictadura militar del General Onganía aduciendo “razones de moralidad pública” (simultáneamente Onganía arrasó con el Centro de Experimentación Artística de Avanzada Instituto Di Tella y en la “noche de los bastones largos” produjo el desmantelamiento de la Universidad de Buenos Aires con la instalación de la censura cinematográfica y teatral que cercenó la vida cultural del país.

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Bomarzo fue parte de esa ignominia. Existe un libro de Esteban Buch, “Affaire Bomarzo”, que transita esta circunstancia notablemente). “Bomarzo” cuenta una historia donde se entremezclan lo histórico con lo imaginativo y lo legendario con lo real, tal la impresión que me dió el libro y el mismo Manucho. Él mismo lo dice, en reportaje de María Esther Vázquez, con su personal gracia: “Entonces fuí atando ideas, comparando y deduciendo, y así, por un lado armé el parque y su interpretación y, por el otro, este libro tan largo que a mí me parece que debe ser dificilísimo de leer: yo no lo he vuelto a leer nunca”. En otro ejemplo de su ironía, Mujica, cuando María Esther Vázquez le señala que la abuela es un personaje encantador, Mujica señala: “La abuela del duque me es muy querida porque a quien tuve de modelo para hacer el personaje fue a mi propia abuela”. “Vamos, Manucho, dice la Vázquez, tu abuela no iba a dejar que mataran a uno de sus nietos”, y Mujica responde: “No, claro, aunque no sé si no lo hubiera hecho por mí: me quería mucho” (…)

Texto escrito por Arnoldo Liberman, Musicólogo, Escritor y Psiquiatra.

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