Opinión

Amarcord

Ramiro Cristóbal, director de la Revista CineArte.

Ramiro Cristóbal, director de la Revista CineArte.

Con la de este año, serán 42 las veces en las que he asistido, de forma continuada, al Festival Internacional de San Sebastián. Con expresión del maestro: “Amarcord”, recuerdo. Bueno la verdad es que, a estas alturas, la memoria es muy selectiva. Seguramente recuerdo mas las cosas insustanciales que las verdaderamente relevantes.

Me acuerdo, desde luego, la primera vez que fui. Aun no había muerto Franco y España y, desde luego Donostia, era un hervidero. Alquilé un elegante smoking en Cornejo. Me lo puse en la primera gala y alguien me advirtió, a la salida del hotel (que era el San Sebastián), que no era una noche para andar con smoking y tenía razón. Así que guarde la prenda mercenaria y nunca más salió de la maleta.

Me acuerdo de algunas bonitas entrevistas. Annette Bening, preocupada porque alguien miraba desde el balcón de enfrente, el realizador Chen Kaige, la actriz Glenn Close, que estaba con su hija adolescente, el actor James Coburn, uno de los siete magníficos, con su problema de artritis en las manos, el simpático Ben Gazzara, que trabajaba, contó, en producciones menores para poder arreglar el baño de su casa. Y, sobre todo, Roman Polanski, muy inteligente y un poco cínico, con su actual esposa Emmanuelle Seigner.

De todas las entrevistas, la mas sorprendente fue la del realizador Adrian Lyne que vino a Donostia con el equipo principal de Lolita: Jeremy Irons y la adolescente Dominique Swain. Lyne, que había hecho Atracción fatal diez años antes, resultó ser un defensor del personaje de Glenn Close y un agudo detractor del que hacía Michael Douglas, del que dijo “Que eran de esos hombres que utilizan a las mujeres para el sexo y luego las arrojan a la calle como un trapo viejo”. Es decir, que nadie entendimos su película.

Me acuerdo de Robert Mitchum haciendo de Robert Mitchum en su rueda de prensa. Alguien le preguntó donde pensaba ir ese día y soñadoramente contestó :”Me gustaría ir al hotel a echarme un sueñecito”

Me acuerdo del actor irlandés Peter o’Toole, sentado en un sillón en un pasillo del Hotel María Cristina. Estaba esperando su comparecencia ante los medios por su actuación en El último emperador de Bertolucci. Su atuendo, inolvidable, era: traje morado a rayas blancas verticales, chaleco malva, calcetines a juego y zapatos italiano marrones, un pañuelo de seda al cuello y otro, blanco, en el bolsillo superior de su chaqueta. Completaba el conjunto su boquilla apagada. Luego habló mucho sobre China y sobre la plaza de Tiananmen (…)

Texto escrito por Ramiro Cristóbal.

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