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54 Festival de Cine de Karlovy Vary Desde el corazón de Europa a todas las latitudes del mundo.

Por Pablo De Vita

Con un premio máximo que fue a manos de Kristina Grozeva y Petar Valchanov, realizadores de la cinta búlgara Bashtata (The father), y dos premios de enorme peso para la participación española dentro de la Competencia Oficial, culminó a comienzos de Julio la 54 edición del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, el cónclave balneario situado en el corazón del país checo que adquiere relieve mundial por la belleza de sus paisajes, las fuentes termales características de su perfil, y -desde luego- su distintivo festival, situado a fuerza de talento entre los referenciales del cine del mundo.

Es por ello que los diplomas que trajo a España la cinta del benjamín de la dinastía Trueba, Jonás Trueba, con La virgen de agosto tienen significativa importancia. El primero, una mención especial por parte del Jurado Oficial (donde también se encontró a la producción chileno-argentina El hombre del futuro, de Felipe Ríos que recibió una mención para su protagonista Antonia Giesen); el segundo, el poderoso premio del jurado de la crítica internacional Fipresci allí reunido. La cinta de Jonás Trueba retrata a través de una protagonista a la que la vida la encuentra a sus treinta y tantos un poco sin rumbo, como es la vida madrileña en el tórrido verano de Agosto con su inmenso calor y sus verbenas. Entre los premios también se destacó con enorme justicia el Globo de Cristal para Milan Ondrík por su labor protagonista en la coproducción eslovaco-checa  Nech je svetlo (Let There Be Light).  El jurado Ecuménico, entre los premios paralelos, coincidió con el premio especial del jurado para el film Lara, producción alemana dirigida por Jan-Ole Gerster.

Pero todo había comenzado nueve días antes con una vibrante ovación a Julianne Moore al recibir de manos de Jiri Bartoska el Globo de Cristal a la trayectoria:  “Es un honor estar aquí en Karlovy Vary, es un tributo tan amoroso, me siento muy honrada”, dijo la actriz de impactante amarillo para señalar asimismo la presencia de su esposo y director de la película que se proyectó instantes después, After the wedding remake hollywoodense del mismo título dirigido hace más de una década por la danesa Susanne Bier y protagoniza con Michelle Williams y Billy Crudup, quien instantes después subió al imponente escenario del Thermal junto al realizador Bart Freundlich, asimismo esposo de la homenajeada.

Las galas de apertura y clausura contaron con similares coreografías al compás de Sweet dreams de Eurythmics y, con la conducción de Marek Eben, pasó revista al cuarto de siglo desde que la legendaria crítica y programadora Eva Zaoralová y el famoso actor checo Jiri Bartoska se hicieron cargo del festival nacido en la vecina Mariánské Lázne en los primeros quince días de Agosto de 1946.

En secciones paralelas del festival se anotaron los nombres de Isabel Coixet, Jiri Svoboda, Patricio Guzmán (con su sentida mirada a la siempre presente historia de Chile), Jim Jarmusch, Bong Joon-ho (y su película Parasite, con la que ganó la Palma de Oro de Cannes), Carlos Reygadas, Denis Coté, Marco Bellocchio, Karin Ainouz, Danny Boyle y Casey Affleck, que llegó a Karlovy-Vary para presentar Light of my life, que también dirige.

Como es habitual, una de las poderosas secciones es la denominada East of West, donde se presenta el selecto conglomerado de producción de la vieja Europa del Este y de países antes bajo la órbita de la URSS e incluyendo por primera vez una producción saudí en Premiere Mundial. Su calidad no puede ser mejor, dotando a la competencia de una selección de lo mejor que se produce en latitudes a veces lejanas para el consumidor occidental y permite conocer que sucede en el cine de Rumania, Rusia, Serbia, Bosnia Herzegovina y Montenegro, Ucrania, Lituania, Kosovo, Albania, Croacia, Estonia, Grecia, Letonia, Eslovaquia y República Checa, varios representando un mismo film a través de la coproducción

Los numeros habituales del festival impresionan con sus 300 realizadores, actores y personalidades presentes, las más de 150 películas que se presentan año tras año; y sus 120mil entradas vendidas en un país con cerca de 11 millones de habitantes.

El festival se distingue por su entorno imperial de la vieja Bohemia pero también por la calidez de su organización, la esperada atención a la prensa internacional y el buen gusto de sus programadores. Karel Och, director artístico del festival, supo imprimirle un perfil renovador a la muestra y abrir de manera consecutiva una ventana al cine de habla hispana. Las conclusiones son evidentes ante un Festival que desde el corazón de Europa, se abre a todas las latitudes del mundo.  

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